El martes fue uno de esos días que Leonel Sir difícilmente olvide. Rodeado por sus padres, el delantero de 17 años firmó su primer contrato como futbolista profesional de San Martín. A su lado estuvo el presidente Oscar Mirkin, quien encabezó el acto en representación del club. La escena fue sencilla, pero cargada de significado. Después de años de sacrificio y de recorrer cada etapa en las divisiones inferiores, el juvenil selló un paso que muchos sueñan y pocos consiguen. Sin embargo, para él no representa una meta, sino el inicio de un desafío aún mayor. Mientras el “Santo” recibirá este sábado a Temperley con el objetivo de volver al triunfo tras el empate en Mendoza, Sir aguarda una nueva oportunidad para seguir creciendo bajo las órdenes de Alejandro Orfila.
Su historia con la pelota comenzó mucho antes de vestir la camiseta rojiblanca. A los cuatro años empezó a jugar en una escuelita de barrio, donde descubrió que el fútbol era mucho más que una diversión. Detrás de cada entrenamiento estaba siempre su madre Adriana, quien lo llevaba, lo esperaba y lo alentaba a seguir. “Ella fue quien me impulsó a practicar este deporte que tanto me apasiona”, recordó el delantero en diálogo con LA GACETA.
El vínculo con San Martín nació cuando tenía 12 años. Un día, mientras hacían compras en el supermercado ubicado frente al complejo “Natalio Mirkin”, su madre cruzó hasta la sede para preguntar qué debía hacer su hijo para jugar en el club. La respuesta del club fue que “Leo” debía empezar a entrenarse en Infantiles, pagar la cuota de dicha categoría durante un año, y luego presentarse a las pruebas de inferiores. Así comenzó una historia que, ocho años después, lo encontró firmando su primer contrato profesional. “Después llegaron las pruebas, pude quedar y ahí comenzó mi camino”, contó Sir.
Desde entonces fue superando cada escalón. Integró la categoría 2008, llegó a la Reserva bajo la conducción de Cristian Cocco, sumó experiencia en la Primera de Liga -donde marcó siete goles en seis partidos- y terminó incorporándose al plantel profesional. En el recorrido también fue descubriendo cuál era su lugar dentro de la cancha.
Antes de afirmarse como centrodelantero pasó por distintos puestos: jugó como extremo, volante interno e incluso como doble “cinco”. “Fui aprendiendo las cualidades y las mañas del ‘nueve’. Ahí descubrí que era donde mejor podía rendir”, explicó.
El apoyo de los referentes en el salto a Primera
El salto a Primera no llegó de un día para otro. Hubo momentos en los que no sabía si tendría una oportunidad, aunque nunca dejó de trabajar. “Jamás bajé los brazos. Siempre seguí entrenándome donde me tocara estar”, aseguró. Esa perseverancia tuvo su premio cuando recibió la convocatoria para integrar el plantel que enfrentó a Banfield por los 16avos de la Copa Argentina, una experiencia que confirmó que el objetivo estaba cada vez más cerca.
La adaptación al grupo fue más sencilla gracias al respaldo de referentes como Darío Sand, Ezequiel Parnisari, Lucas Diarte y Nicolás Ferreyra, además de la confianza que le transmitió Orfila. El entrenador le pidió que jugara con naturalidad, que peleara cada pelota y disfrutara el momento. “Son palabras que quedan guardadas”, reconoció.
De las cualidades en la cancha al motor de su vida
Sir se define como un delantero rápido, con buen manejo de ambos perfiles y fuerte en el juego aéreo. Pero, sobre todo, como un futbolista con ganas de aprender. Hincha de San Martín, asegura que su mayor deseo es ayudar al club a regresar a Primera y poder debutar algún día en La Ciudadela. “Lo soñé muchas veces. Sería un recuerdo único”, confesó.
La firma del contrato fue apenas el primer paso. Detrás quedaron años de esfuerzo, entrenamientos y paciencia. Ahora el desafío será ganarse un lugar en el equipo y seguir construyendo su carrera. Pero, más allá de cualquier objetivo deportivo, tiene claro cuál es su mayor motivación. “Yo creo que lo mínimo que puedo hacer por ella es devolverle la felicidad jugando dentro de la cancha”, aseguró, en referencia a su madre, la persona que lo acompañó desde que dio sus primeros pasos con una pelota.